
A mi amiga le adeudo la ternura y las palabras de aliento y el abrazo. El compartir con ella la factura que nos presenta la vida paso a paso. A mi amiga le adeudo la paciencia de tolerarme las espinas más agudas, los arrebatos del humor, le negligencia, las vanidades, los temores y las dudas. A mi amiga le adeudo algún enfado que perturbaba alguna vez nuestra armonía. A mi amiga legaré cuando me muera mi devoción en un acorde de guitarra y entre los versos olvidados de un poema mi pobre alma incorregible de cigarra.